lunes, 21 de diciembre de 2009
Ambos sabemos que si nos dejáramos, estaríamos mejor.
Y llegaría un momento en que no podríamos vivir sabiendo que nos dejamos ir.
Eso nos aterra.
Y nuestro amor es la posibilidad máxima de lo trágico, pues,
si cuando nos besamos les vemos a todos y sentimos como si fueran todos,
entonces somos todos,
la relación exacta de dos ecuaciones
que en su negativo equivalente al positivo se eliminan al juntarse.
Allí nuestra mínima trágica:
manejamos nuestro universo lógico y somos el habitante del sin sentido:
somos lo único que construye todo,
la lengua macabra y las eyaculaciones.
Yo te extrañé tanto y de pronto
al pararme de una banca,
me pareció verte lejana, besándote con alguien
al final del parque.
Entonces me alejé, senté en otra banca y nos miramos.
Te llamé al teléfono y no contestaste,
seguíamos mirándonos,
lo hice otra vez y contestaste en una micro,
un vendedor de helados ofrecía crema-mora
y te dije compra uno, compra uno.
Me acerqué a mirar a la chica parecida desde lejos a tí
y era fea, fea, fea,
y tú eres linda, linda, linda,
y lo repetí varias veces:
tú eres tan linda, tan linda.
Definitivamente es un asunto de distancia.
Por mucho que cuando estamos lejos
nos parezca todo igual,
al acercarnos notamos lo peor que se nos cruza,
y que a veces tomamos, de lesos nada más,
entonces nos extrañamos tanto, tanto, tanto,
que recordamos lo bonitos que somos
tomados de la mano.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
goooooooooooood! esto suele suceder MUCHAS VECES.
no sé , dah , el amor CIEGA.
me encanto esteblog,sobretodo la parte"puedo hacerlo más sencillo"
un saludo.
Publicar un comentario