lunes, 9 de noviembre de 2009

Quizás tres fines de semana atrás, con Edo caminábamos por el parque forestal y una chica cantaba con su guitarra "Sapo Cancionero", de Los Chalchaleros. Nos quedamos cantando con ella, de pie, mirándola. Al terminar, nos sonrió y nos sentamos en una banca. La vimos hasta el final del día, cuando todo oscureció, desapareció con un chico al lado.
Al llegar a casa aún estábamos pegados con la canción y la busqué en los díoas siguientes en internet.
Recordé que tenía un disco de ellos, un disco que un día me pasaron y que no tenía etiqueta.
Así que los escuchamos. A Eduardo le dio pena, que es la música más triste que hay, dice, y es que llega tan adentro su autenticidad, que es inevitable ser manoseado.
Desde que abrieron la Feria del Libro, quise ir, Gonzalo, antes de la inauguración, me decía que la presidenta argentina y la presidenta chilena (...), que no sería fácil, así que no lo intenté, pero sí sabía que podría ir otros días.
El jueves fui y le pedí a rodrigo un par de invitaciones dobles, me las dio encantado, y salí sonriendo.
Recorrí el programa y lo único que quise ver fue "música chalchalera".
Decidí que iríamos los cinco:
Diego, hijo de Eduardo que llegaría el sábado desde Berlín, su esposa Stefanie, Finn, el hijo de 4 años, Edo y yo.
Entonces, Diego me dijo que es la música favorita de su hermano, y de las favoritas de él.
Fuimos a la Sala de las Artes y pusimos unas sillas en el alero del segundo piso.
Fue fantástico.
Había poca gente y la comisión argentina cantaba todas las canciones.
Y es regular notar que, ante una obra que ha construído ejemplos en la música contemporánea,
y la infancia de muchas personas,
que se encuentra en el colectivo y cuando se escucha, la gente canta por inercia,
asista muy poca gente.
Seguro no tenían idea.
Yo obtuve el programa de la feria a mitad 5 días después de ser abierta.

Pero fue hermoso, para todos.
El mejor panorama para el primer día en Chile,
luego de 15 horas de viaje desde Alemania.

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